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viernes, 23 de noviembre de 2012

A la mier… la música actual, lo mío es la electrónica.


A la mier… la música actual, lo mío es la electrónica.

Desde hace tiempo, más o menos de la época del surgir del CD, la música electrónica ha pasado por muchísimas manos y creadores. Estamos hablando de casi dos décadas y aun la sigo escuchando. Soy de las pocas personas en este mundo que siendo heterosexual (sin discriminar nadie que le guste la filosofía de aquella hermosa ex reina de belleza que afloró la igualdad de seres con hombre con hombre, mujer con mujer) y que encuentra en su música la energía que aun transmite sin fomentar una degeneración social explícita. Para muchos otros quizás no sea de su agrado, pues hallan en el rock la forma de desahogar sus energías y sus ideas, y también lo comparto, pero estas líneas no son acerca de este género, no señor.
A un compás repetitivo que hace mover las cabezas como si se estuviera llamando a alguien o simplemente contándolas, este género musical ha salido de tantas fusiones e infusiones, de tantos experimentos musicales que ya se pierde la cuenta de los géneros que le dieron comienzo a esta música. Pero prevalece con una intensidad desbordante al punto que en cualquier discoteca, rumba, o fiesta en algún momento se va a escuchar algo de electrónica. Y no por su repetición, sino porque la música es tan mágica que se hace sincronizar las pulsaciones de tu corazón y permite una circulación más álgida de la sangre. Sin barbitúricos, sin estimulantes, es ir a 120 km/h cuando realmente se va a 10 km/h. No niego que escucho vallenato, bailo salsa y me disfruto el merengue, pero cuando empiezan a incursionar lentamente el compás de una música clandestina, de un movimiento estrambótico de luces o simplemente el cerrar los ojos y dejar que la descarga musical se meta por tus venas, dejo todo a un lado y la música pasa de ser un camino a ser una expresión.
Y es que este arte de producir esta música es un trabajo también que mueve masas por doquier. He escuchado que no les gusta, que no les interesa, pero la electrónica no es sólo chis pum chis pum chis pum chis chis chis, es también el uso de mejoras digitales, limpieza de sonidos que hasta los cantantes de vallenato o de cualquier género no pueden vivir sin ellos, es como un Photoshop auditivo. Pero lo mío no es la digitalización lo mío es el escuchar y sentir la música, de comprobar hasta donde por medio de tonalidades y mezclas los sentimientos van entrelazándose y formándose en un solo ser: YO.

Electrónica vs. Reggaetón
¡Qué profanación estoy haciendo! ¡Esto es pelea de tigre con burro amarrado! Pero en fin, las diferencias son muchas, empezando por los atuendos, la forma de ver el mundo, tantas cosas… Pero cada quien con sus gustos. ¿Qué es lo bueno del reggaetón? Que es en español, si se le puede llamar así. Un español a veces erótico, a veces vulgar, a veces pornográfico, a veces romántico (¿Realmente lo hay?)  Mientras que en el mundo electrónico está un lema muy hippie que prevalece aun después de tanto tiempo: Paz y Amor, algo que no ocurre con el otro género en cuestión. A pesar de sus ritmos parecidos, los dos van por caminos diferentes siendo uno que busca estar siempre con las manos arribas, el otro con las manos ocupadas (el que lo entendió lo entendió).  La euforia es un estado permanente al transcurrir las mezclas, el movimiento de saltos, de permitir que el cuerpo baile libremente y sin tapujos hacen que sea tan saludable como estimulante, mucho más que estar deseando algo que quizás en esa noche será de él/ella.

LA ODA A LA ELECTRÓNICA
Quiero terminar mi pequeña y grosa intervención con lo siguiente:
Música sin letras,
Que creas sin razón el mensaje de tu ritmo
Inyectando fuerza, energía y libertad en mi mente
Sólo tú has conseguido que la mente se conecte
Viajando a la velocidad de la luz
Entre bits y bajos, entre acrílicos y tornamesas
No abandones a quien fielmente ha servido
A la alegría de tu grandeza, a las gotas caídas de un cuerpo que no se cansa
Electrónica, ritmos clandestinos y globales
Masas de seres humanos hacen de ti la mejor descarga
Y la expresión de una sola voz: LOOOOOVEEEEEEEEEE


JORGE ANGEL BAUTISTA

miércoles, 14 de marzo de 2012

Short Stories / Cuentos Breves


Corría y corría sin descansar, crucé rápidamente la calle sin mirar hacia los costados y de pronto una luz me percató que había cometido el error más grande de mi vida. Era un automóvil blanco, sin placas, último modelo, tenía unos vidrios polarizados negros y frenó frente a mí. Aún más aterrorizado quise correr y sentí algo que me golpeó fuertemente la espalda.  Fueron mis últimos momentos como ser humano, o bueno, si era eso a lo que podía llamar vida de humano. Recuerdo sus gafas oscuras, una piel semitransparente y tenían una delgada línea que simulaba ser su boca. Altos, delgados y se notaba a leguas que no eran de este lugar, unos vestidos oscuros que los hacía parecer humanos y olían… No recuerdo bien, pero se camuflaban en una especie de esencia barata. Detenido completamente, traté una vez más de correr pero mientras pensaba esto, la ventana del copiloto descendió rápidamente y de allí una mano alargada y casi gris con una especie de aparato fue lanzado hacia mí. Recuerdo que era como un led rojo dirigido hacia mí. Traté de esquivarlo pero era demasiado tarde, aparecieron de repente unos tentáculos luminosos que me sujetaron fuertemente casi hasta el asfixio. Antes de quedar inconsciente, sus palabras en mi mente aparecieron diciéndome al unísono: “Te dejaremos libre ‘humano’, pero todavía no es tu tiempo, aún no estás listo”. Y fue cuando mis ojos se cerraron.
Al despertar, me di cuenta que estaba en el mismo lugar de donde me había ido, pero al fondo, había algo que me dejó asombrado: La Tierra en todo su esplendor se divisaba y a su derecha se encontraba la Luna. - Esto no está nada bien – pensé, - Debo intentar nuevamente soltarme de… - mi pensamiento titubeó un instante al darme cuenta que no había nada más que una máquina sosteniendo mi cabeza. – ¡Mi Cuerpo! - grité. - ¿Dónde está mi cuerpo?- Miré desesperadamente donde estaba y sólo encontré mesas vacías, cuerpos de animales mutilados y un silencio sepulcral profanado por mi grito. De repente, una voz gruesa, de ultratumba, como si fuera el bramido del viento cuando se filtran en las ventanas, como el bramido de un toro exclamó: “¡Humano!, has sido traído aquí para contemplar el fin de tu raza y el comienzo de una nueva”, y continuó: “Has sido un problema para ‘nosotros’ pero nos hemos encargado ya de tu cuerpo, como lo habrás notado”.  - ¿Por qué?, ¿Por qué a mí? ¡Déjenme ir! – Con una risa irónica, fingida y muy metálica me respondió: “¡JA JA JA! ¡Sabemos que quieres volver a tu ‘hogar’ si se le puede llamar así, y lo harás, pero tú serás su perdición!”. Hubo silencio. Estaba frío y completamente indefenso, a completa merced de su tecnología y sus aberraciones. De pronto, una luz me cegó completamente, sólo escuchaba respiraciones por donde me encontraba y sin más, desperté escribiendo esto.  Así empezó todo.
Shelideth Fernández